Patologías de larga evolución que van acompañadas de síntomas cuya mejoría es lenta y pasajera, y que llegan generalmente a una etapa terminal.
Maldonado, J. (2015).
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Cuidados Paliativos
Modo de abordar la enfermedad avanzada e incurable que pretende mejorar la calidad de vida tanto de los pacientes que afrontan una enfermedad como de sus familias, mediante la prevención y el alivio del sufrimiento a través de un diagnóstico precoz, una evaluación adecuada y el oportuno tratamiento del dolor y de otros problemas tanto físicos como psicosociales y espirituales. OMS.
Ir hasta la raíz, beber de las fuentes
"Creemos que la psicología con sus paradigmas puede aportar una visión crítica de la ortodoxia psicopatológica y de sus insuficiencias y ofrecer un alternativa para comprender el significado profundo de los problemas psicológicos, recogiendo la rica herencia acumulada por las disciplinas que desde hace más de dos siglos han tratado de hacer aportaciones a esa comprensión.
Pero ir hasta la raíz de los problemas supone beber también de la fuente de la copiosa herencia de los paradigmas de la psicología que siguen permanentemente abiertos a la luz de la investigación básica y aplicada y que reclama fidelidad epistemológica, ética y profesional. Tal vez ahondar en las raíces de los paradigmas de la psicología nos permita encontrarnos en un lugar común, reconocernos herederos de una larga tradición en la que se ha forjado el acervo conceptual, metodológico y tecnológico de la psicología y de sus cuatro paradigmas.
En ese lugar común, podremos seguir deliberando entre nosotros y con los profesionales de otras disciplinas acerca de la naturaleza de las experiencias vitales de las que decimos que constituyen problemas psicológicos y acerca del valor práctico que pudieran tener los sistemas de clasificación en vigor de esos problemas, una vez desmontada la metamorfosis declarativa, la logomaquia que los ha convertido en patología, escondida a menudo tras la denominación pretendidamente neutral pero reificada de “trastorno”.
Creemos que todo esto supone también despatologizar la psicología clínica, decir sin ningún rubor que los problemas psicológicos no son psicopatología, renunciar a la logomaquia, restituirles su verdadera naturaleza, su génesis y su significado. Creemos que de este modo estaremos en mejores condiciones para comprender esos problemas y ofrecer estrategias de solución en el seno de la alianza de trabajo de la relación de ayuda. No obstante, despatologizar el comportamiento humano no es una tarea fácil porque, como hemos visto más arriba, el modelo psicopatológico cosecha beneficios a corto plazo que contribuyen a mantenerlo en vigor.
Hemos de elegir, pues, entre estas consecuencias inmediatas ventajosas que se acompañan de los inconvenientes a los que nos hemos referido a lo largo del artículo, y las ventajas a corto, a medio y a largo plazo que se pueden derivar del cambio de paradigma que proponemos. Nosotros, por nuestra parte, hemos optado por continuar con un planteamiento crítico del modelo psicopatológico, reivindicando el lugar que a la ciencia psicológica le corresponde en la comprensión de los problemas vitales que afligen a tantas personas. Y en ello, vamos a seguir (López y Costa, en preparación). Este artículo es también una invitación a proseguir este camino y a continuar el debate que está emergiendo."
Las bases estructurales de la conducta y las fantasías neuromitológicas
También a la luz de esta perspectiva transaccional, propia de la Psicología, han de ser tamizadas las importantes aportaciones actuales de las neurociencias. Los problemas psicológicos no son emanaciones del cerebro, pero, como es obvio, sin cerebro, y sin los sistemas neuroendocrinos que lo vinculan con el resto del cuerpo, no hay comportamiento ni problema de comportamiento.
Sin biología no hay biografía. Negar que los delirios sean “secreciones” cerebrales, como quería Vallejo-Nágera, no equivale a negar que los procesos neurofisiológicos intervienen en los delirios. Éstos y otros muchos procesos fisiológicos, bioquímicos, celulares y genéticos son la base estructural de la biografía personal y están siempre implicados, como condición necesaria, como copartícipes que habilitan (Rose, 2008) las transacciones.
Las experiencias vitales son, pues, auténticas experiencias biográficas psicofisiológicas, bioconductuales, al tiempo que son también contextuales y transaccionales. Pero, los fenómenos fisiológicos no son suficientes para que se produzca un comportamiento. La biología no es la biografía. Para ello, es preciso que se produzcan las transacciones que penetran la biología y fecundan su plasticidad.
La actual investigación en el campo de las neurociencias y de la biología molecular está haciendo aportaciones significativas al conocimiento de los fenómenos neurofisiológicos, vasculares y moleculares que son correlatos estructurales en los delirios, en las alucinaciones, en las experiencias de estrés, en la depresión, y en todo comportamiento humano. Pero esas investigaciones, por sí solas, no aumentarán nuestro conocimiento acerca de cómo se aprende el lenguaje o cómo se construyen las experiencias de estrés, las alucinaciones o los delirios.
No encontrarán en los circuitos neuronales conductas prefabricadas, ni ningún “homúnculo” que las produjera, ni ningún “fantasma en la máquina” (Ryle, 2005), porque no están allí su sede y su causa, porque la neurotransmisión y el flujo vascular cerebral no son la conducta ni la “causa eficiente” de la conducta, ni la causa de la experiencia problemática, porque “en el cerebro no hay ningún lugar donde la neurofisiología se convierta misteriosamente en psicología” (Rose, 2008:186).
Los problemas psicológicos nacen de las experiencias transaccionales
Los problemas psicológicos son experiencias vitales inherentes e intrínsecas a las transacciones entre la biografía y el contexto, brotan de ella, con la complejidad de los factores biográficos y contextuales y de la historia biográfica que las definen, y cuya naturaleza analizan y explican los paradigmas de la psicología. Asimilarlos a patologías y a supuestos desequilibrios bioquímicos, superponerles una categoría nosológica que es tan sólo una logomaquia tautológica, secuestrarles las transacciones y experiencias vitales que son su raíz, suplantar los circuitos contextuales y transaccionales por circuitos patológicos, es negarles su verdadera esencia, es desnaturalizarlos. Despojados del significado transaccional que los hace comprensibles, no es extraño que, como dijimos antes, a los ojos del modelo psicopatológico los problemas psicológicos carezcan de sentido, sean un enigma.
Este carácter transaccional, y muy en particular interpersonal, de los problemas psicológicos no pasó desapercibido para muchos de los representantes del modelo patológico, entre los que podemos citar a Harry Snack Sullivan y a Carlos Castilla del Pino, cuando trataron de comprender el sentido existencial de las experiencias vitales.
Existen también sectores que desde la Psicología investigan y desarrollan su práctica clínica desde una perspectiva transaccional específicamente psicológica y que, no obstante, asumen parcialmente y a menudo la retórica (“síntomas”, “síndrome”, “trastorno mental”,...) propia del modelo psicopatológico (Vallejo, 1998; Labrador, 2008; Caballo, Salazar y Carrobles, 2011). Nos preguntamos si no sería preferible obviar esta terminología para dejar más nítido el enfoque específicamente psicológico y transaccional propio de los paradigmas de la psicología y el planteamiento crítico que ellos mismos hacen del modelo psicopatológico.
Existen también sectores que desde la Psicología investigan y desarrollan su práctica clínica desde una perspectiva transaccional específicamente psicológica y que, no obstante, asumen parcialmente y a menudo la retórica (“síntomas”, “síndrome”, “trastorno mental”,...) propia del modelo psicopatológico (Vallejo, 1998; Labrador, 2008; Caballo, Salazar y Carrobles, 2011). Nos preguntamos si no sería preferible obviar esta terminología para dejar más nítido el enfoque específicamente psicológico y transaccional propio de los paradigmas de la psicología y el planteamiento crítico que ellos mismos hacen del modelo psicopatológico.
Un modelo radical, biográfico y transaccional
En otros lugares (Costa y López, 2003, 2006, López y Costa, 2012), hemos propuesto y desarrollado el Modelo ABC que incorpora y organiza en su arquitectura todo ese acervo de la psicología, y que no vamos a desarrollar en el espacio de este artículo. Baste decir aquí que ABC es un modelo radical porque va a la raíz del comportamiento y de los problemas de comportamiento, y porque, en nuestra opinión, puede sustentar el cambio radical de paradigma al que nos referíamos al principio respecto al modelo psicopatológico. Es además un modelo biográfico porque cada comportamiento y problema de comportamiento se revela como un suceso biográfico integral, como la obra de la persona entera que tiene además una historia biográfica, única e irrepetible.
Para el Modelo ABC y para los paradigmas de la psicología, los comportamientos y problemas de comportamiento no son emanaciones cerebrales, sino que se engendran como tales en los procesos transaccionales de influencia recíproca entre biografía y contexto en los que cumplen una función y tienen un significado. En ese proceso transaccional la biografía personal se hace permeable al poder activador del contexto y el contexto se hace permeable al poder operante de las acciones de la biografía personal.
El impacto de la ortodoxia psicopatológica
"Tal como referimos en el citado libro (López y Costa, 2012), una vez concedida legitimidad social y poder a la invención psicopatológica y a sus equivalencias funcionales, el diagnóstico psicopatológico se convierte en una tesis que no admite dudas ni discrepancias y que se hace inmune a toda posible refutación, pues la única evidencia de la declaración nosológica es ella misma.
Un diagnóstico que crea indefensión
Este poder del diagnóstico coloca a las personas diagnosticadas en una situación de indefensión y de pérdida de poder y de control sobre la propia vida, las convierte en “víctimas” de la supuesta enfermedad, lo cual tiene efectos negativos para la implicación en los procesos de cambio (“me ocurre algo debido a fuerzas ajenas a mí, a la enfermedad que me dicen que padezco”, “qué puedo hacer si soy un esquizofrénico, si soy un bipolar”). Es tan irrefutable el diagnóstico de “enfermedad”, que uno de los “síntomas” de que esta persona la padece es su no aceptación del mismo, su incapacidad para reconocerse y aceptarse como enferma: “estás demasiado enfermo como para darte cuenta de que lo estás”. Si no lo acepta, ello “prueba” que sigue enferma, lo cual invalida su desacuerdo, reafirma el diagnóstico y puede aconsejar intensificar el “tratamiento” que, en su caso, se haya decidido aplicar.
No soy yo, es el desequilibrio de mis neurotransmisores
Si lo que uno hace está “inducido” por la enfermedad que “padece”, entonces queda reducida, anulada o absuelta la responsabilidad. No soy yo, es la enfermedad que obra en mí, es mi desequilibrio dopaminérgico, podría decir la persona diagnosticada. La absolución de responsabilidad puede encubrir la responsabilidad criminal, como se puso de manifiesto históricamente en la polémica “cárcel o manicomio”. Refiere Szasz (2007a) el abuso sexual cometido por un clérigo de Boston sobre más de 100 niños durante tres décadas. En su defensa se adujo la “patología de la enfermedad de la pedofilia” y los “actos enfermos”. Si sus actos y sus impulsos son “irresistibles”, pues son diagnosticados como síntomas causados por la “enfermedad de la pedofilia” que supuestamente le compele a abusar de los niños, quedan absueltos de responsabilidad, ¿cómo poder responsabilizarle e imputarle por ellos?, habrá que “tratarlo” de su enfermedad, aducían los peritos. Una vez más se cumple la tautología: son “irresistibles” porque son “patológicos” y son patológicos porque son irresistibles. Si esos impulsos fueran “normales” serían resistibles, pero como son “anormales” y “patológicos” porque el diagnóstico así lo dictamina, entonces son “irresistibles” y eximen de responsabilidad.
Una colonización patológica de la vida
Poner nombres diagnósticos a determinadas experiencias vitales y a determinados comportamientos, y hacer ver que se están “descubriendo” nuevas entidades patológicas, resulta una conducta fácil de realizar, en la medida en que puede eludir la necesidad de demostrar su correspondencia con los hechos. Desde la segunda mitad del siglo XVIII, y a lo largo de los siglos XIX y XX, el proceso de patologización, que tantos han denunciado (Moynihan, Heath y Henry 2002; Follette y Houts, 1996; Sazsz, 2007a; Blech, 2005; González y Pérez, 2007), ha ido colonizando sin control casi todas las áreas de la vida, hasta el punto de que ya en tiempos del propio Kräpelin se admitía que “no hay alienista a quien no se haya acusado, ya en serio, ya en broma, de ver locos en todas partes” (Kräpelin, 1988:303).
Esto ha ocasionado además un caos en la nosología psiquiátrica (Szasz, 1968) y una proliferación de categorías taxonómicas, “una arbitrariedad enigmática, y un afán de innovación que recuerda el trabajo infructuoso de Sísifo” (Kahlbaum, 1995:38). Pudiera ocurrir que la prevista publicación de la V edición de la clasificación nosológica DSM ampliara todavía más esta fácil patologización de la vida y de los problemas de la vida. Si en este proceso, promovido desde ámbitos profesionales, con el apoyo y la connivencia de empresas farmacéuticas, la población acepta el discurso psicopatológico y se persuade de que los problemas que le afligen son una enfermedad, será más probable que considere irrelevantes los acontecimientos y experiencias vitales que han conducido al problema y que le dan significado, que acepte e incluso reivindique la condición de “enfermo”, y que acepte e incluso reclame la medicación como supuesto “tratamiento”. De hecho, el volumen de psiofármacos prescritos ha aumentado exponencialmente (Sazsz, 2007a; González y Pérez, 2007; Bentall, 2009)
Expulsar demonios, curar enfermedades
Si los problemas psicológicos son declarados una enfermedad, para resolverlos habrá que aplicar una terapéutica capaz de “curar” y expulsar la enfermedad subyacente, al igual que los exorcismos expulsan el demonio del cuerpo en el que se ha metido. Si esta persona está enferma, padece una psicopatología, habrà de ser tratada y curada por su bien, y si es necesario por la fuerza (Szasz, 2007b, Bentall, 2009), incluso en aquellos casos en que ella piense que no lo necesita, que no desee ser tratada o que rechace el tratamiento, a menudo enfrentándose a una cruzada a favor de la “adherencia al tratamiento”. Cuando la intervención coercitiva queda pretendidamente legitimada como “acto terapéutico”, siempre se podrá decir “qué tiene de malo lo que están haciendo, lo están curando”. Y si los tratamientos tienen efectos colaterales claramente dañinos e invalidantes, qué se le va a hacer, son exigencias del “tratamiento”, se dirá.
Desde las sangrías mediante sanguijuelas en la yugular contra la manía, hasta los más modernos psicofármacos, pasando por el coma insulínico, por la cirugía que secciona fibras nerviosas (lobulotomía), o por las descargas eléctricas en el cerebro (electrochoque, eufemísticamentedenominado hoy terapia electroconvulsiva) con las consiguientes convulsiones y daño cerebral a menudo irreversible que ocasiona, han sido diversas la intervenciones consideradas como “terapias” y “curaciones” de los problemas que afligen a las personas. Pero, si el modelo psicopatológico es una quimera y el diagnóstico es una logomaquia, la supuesta “curación” no podía ser más que una quimera también, un simulacro de curación."
La retórica del síntoma...
El modelo psicopatológico establece además que, una vez diagnosticadas como “enfermas”, lo que estas personas hagan o digan puede ser un indicador de que, en efecto, padecen la enfermedad diagnosticada. Sus comportamientos perderán su carácter autónomo y su significación biográfica y serán recategorizados como signos o síntomas de la enfermedad que padecen, como la tos y el esputo lo podrían ser de la bronquitis. Pero si la supuesta enfermedad es una logomaquia, el síntoma, supuesto indicador de la misma es también un enunciado vacío de contenido referente, un espejismo verbal al que, no obstante, se le otorgarán equivalencias funcionales literales con los síntomas de una enfermedad. En este sentido, confundir el comportamiento humano y los problemas de comportamiento como un “signo” o un “síntoma” de una enfermedad constituye un fraude epistemológico y lógico, además de una tautología.
Maudsley era consciente de esta tautología: “(...) esto conduce a argumentos en círculo vicioso (...), inferimos la falta de salud de la mente por las características de los actos; y, por otra parte, es porque pensamos que hay un trastorno de la mente que declaramos que esos actos son de loco” (1991:194). Kräpelin, sin embargo, parecía no ser tan consciente al atribuir la desgana de la depresión a un supuesto “impedimento de la volición” (Kräpelin, 1988: 31-32). Si la timidez y el cortejo deconductas que la definen es recategorizada como “trastorno de ansiedad social” o “fobial social”, como ocurre en DSM-IV, a partir de entonces podrá ser descrita como “causada” por el supuesto trastorno (“rehuye el contacto social porque padece un trastorno de ansiedad social”). Otro tanto ocurre cuando decimos “sabemos que no atiende en clase porque padece un trastorno de déficit de atención con hiperactividad”, o cuando decimos “desafía a los adultos o rehúsa cumplir sus demandas porque padece una trastorno negativista desafiante”.
Los delirios como secresión
"En el colmo de la metamorfosis, la categoría patológica inventada se convierte en algo “previo” al comportamiento que nombraba y en agente causal “patógeno” (“su comportamiento está causado por el trastorno de personalidad que padece”, “se lava compulsivamente las manos porque padece un trastorno obsesivo-compulsivo”, “su delirio es debido a que padece una esquizofrenia”). Del mismo modo que de la bronquitis brota la tos o el esputo, o de la filtración glomerular la orina, de la enfermedad mental-cerebral brotarían los delirios y otras manifestaciones, a modo de una secreción. Para Vallejo-Nágera, la idea delirante “ha brotado directamente de la enfermedad (…) no deriva de otros síntomas ni sucesos de la vida del enfermo (Vallejo-Nágera, 1971:44-45).
Un grave error lógico y epistemológico
"Pero, como también Szasz decía, el hecho de denominar “enfermedad” a algunas experiencias vitales constituye “el más grave error lógico de la psiquiatría moderna” (Szasz, 1968:39).
Una desalentadora falta de evidencia
Basta, en efecto, hacer un recorrido por los escritos de las figuras clave de la psiquiatría de los siglos XVIII, XIX y XX para constatar que no hay un solo lugar en el que se muestre evidencia alguna de que los comportamientos observados sean, de acuerdo con el modelo anatomoclínico, una enfermedad, una disfunción biológica o el signo o síntoma de una enfermedad, de que exista la correspondiente anatomía patológica lesional, una relación causa-efecto entre una hipotética lesión, disfunción o desequilibrio y el comportamiento, y la correspondiente fisiopatología y patogenia, del mismo modo que sí la hay entre una hepatitis y la ictericia o entre un enfisema pulmonar y la disnea.
Los relatos de Lasègue sobre delirios de persecución y alucinaciones auditivas no son otra cosa que descripciones de experiencias vitales hechas a partir de los relatos de las personas que las tienen. Y a pesar de que afirma que “ahí hay algo más que la exageración de una tendencia natural (...), es un elemento patológico nuevo introducido en el organismo moral” (Lasègue, 1994:55), no aporta ninguna prueba de la existencia del tal “elemento patológico”. Kahlbaum expresaba su extrañeza ante la falta de “aclaraciones” aportadas por la anatomía patológica del cerebro, debido tal vez, suponía él, a no haber “disecado y escudriñado suficientes cadáveres de locos” (1995: 98).
Fuera del enunciado, pues, lo psicopatológico no existe, no está ahí preexistente alojado en su “sede” cerebral a la espera de ser “descubierto”. Fuera del enunciado, el único hallazgo consistente son los comportamientos sobre los que se opera la metamorfosis declarativa. Y la única evidencia de que esos comportamientos son una enfermedad es que algunas personas declaran que otras la padecen.
Una logomaquia, una enfermedad inventada
Sin fundamento empírico alguno, la metamorfosis que declara “esto es una enfermedad”, “esta persona está enferma”,”tiene una enfermedad mental”, queda, pues, reducida a una construcción socioverbal vacía de contenido referente, un espejismo de naturaleza verbal, pura logomaquia. Al mismo tiempo, la supuesta enfermedad es ella misma una enfermedad inventada, creada en el propio enunciado patológico y que existe solo en él. “Llamo a esto ‘esquizofrenia’”, declara Kurt Schneider. Laín Entralgo llama a las neurosis experimentales un “desorden patológico de la conducta”, y considera que “el modo de enfermar propio de las neurosis humanas - y mutatis mutandis el de las psicosis- es el correspondiente al de cualquier otra de las enfermedades que el hombre padece” (1987:16), y ello a pesar de que en todo el proceso por el que se instaura una neurosis experimental no hay nada que permita pensar en alteraciones lesionales morfológicas y fisiológicas en el organismo, sino más bien en una fisiología en perfecto estado de funcionamiento.
El mismo Leon Eisenberg, uno de los principales responsables de la invención del Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad, que tan pingües beneficios sigue reportando a las compañías que comercializan el metilfenidato, declaraba, en una confesión tardía que podría tildarse de cínica, que “este trastorno es un claro ejemplo de una enfermedad que se ha inventado” (citado en Blech, 2012:100).
La psicopatología, una profesión de fé
Por todo ello, la metamorfosis declarativa no es una evidencia, es una creencia, una “verdad revelada” en la que hay que creer por la autoridad de quien la enuncia. De hecho, Kurt Schneider reconoce que su postulado sobre la ciclotimia y la esquizofrenia tiene que ser “una profesión de fe” (1997:35), puesto que “nos son desconocidos los procesos morbosos que subyacen a la ciclotimia y a la esquizofrenia. Los únicos apoyos que Schneider puede aducir son los comportamientos que definen la ciclotimia y la esquizofrenia. A ellos superpone arbitrariamente la declaración patológica, quedando, de esta manera, reinventados como “hechos psicopatológicos”, como síntomas psicopatológicos, lo cual modifica radicalmente la naturaleza de lo somatopatológico definida por el modelo anatomoclínico al que, por otra parte, Schneider proclamaadherirse. Pero Schneider dará un paso más decisivo todavía en el camino de la patologización del comportamiento humano. Aún cuando considera que las “personalidades anormales” y las “reacciones vivenciales anormales” no son enfermedades, sino más bien variedades anormales del psiquismo, inviste, sin embargo, con la denominación de “psico(pato)logía” a un grupo de personalidades anormales..."
La Sede y la Causa de la Enfermedad
Es en las postrimerías del siglo XVIII cuando la sociedad delega formalmente en la medicina la facultad de explicar por qué los “alienados” se comportan de una manera bizarra, se muestran agresivos, angustiados, melancólicos, mutistas o catatónicos, deliran, o se automutilan, y de tomar medidas para contener esos comportamientos. Para responder al encargo y confrontarse con estos comportamientos, la medicina toma como marco de referencia, de análisis y de intervención los modelos de la patología humana que le son familiares en su praxis habitual. De hecho, se están consolidando por entonces los modelos anatomoclínico, fisiopatológico y etiopatológico, que tendrán en el siglo XX su prolongación en los modelos bioquímico y molecular y que van a permitir poner las bases científicas de la patología humana frente a las concepciones demonológicas e hipocrático-galénicas todavía vigentes por entonces. De acuerdo con estos modelos, la sede y la causa de la enfermedad y las señales de la dolencia padecida hay que buscarlas dentro del cuerpo, y se hacen visibles en la necropsia, a través del microscopio, o mediante la utilización del laboratorio y de una adecuada tecnología.
"Esto es una enfermedad": Una metamorfosis declarativa.
Al aplicarles estos modelos, aquellos comportamientos experimentan un cambio radical en su categorización social y conceptual. Van a ser recategorizados, mediante una metamorfosis declarativa, como una enfermedad o la manifestación sintomática de una enfermedad. Lo que era un comportamiento considerado anormal, perteneciente a la categoría de los sucesos y procesos psicosociales, va a ser declarado como comportamiento patológico, perteneciente a la categoría de los sucesos y procesos anatomapatológicos y fisiopatológicos, como podría ser un hígado cirrótico o un tumor. Al estatus de loco o alienado se le superpone el estatus de enfermo y lo que era debido a estar “poseído por el demonio” es ahora debido a estar poseído por “entidades morbosas”. Para Kräpelin, la locura es sencillamente “la expresión de operaciones cerebrales patológicas” (1988:134) y “lo que determina ante todo la morfología de los trastornos psíquicos es la extensión en el cerebro del proceso que los engendra” (1988: 147). Por otra parte, esta aplicación del modelo anatomoclínico al comportamiento quedará pronto contaminada por el dualismo cuerpo-mente, y así la entidad patológica será una “patología de la mente”, una “enfermedad mental”.
López, E; Costa, M. (2012).
López, E; Costa, M. (2012).
Tratamos de resolver un problema, no tratamos una psicopatología
"Creemos en verdad que es necesario y posible restituirles a los problemas psicológicos su verdadera naturaleza y su significado y desvelar sus enigmas si los miramos y reconocemos a la luz de los paradigmas básicos de la psicología, los analizamos por el tamiz hermenéutico del Análisis Funcional de la Conducta y los abordamos con las técnicas y procedimientos psicológicos orientados al cambio. Creemos que esta mirada sobre los problemas psicológicos demanda además una regeneración de la psicología clínica, en el sentido de emanciparla también de la ortodoxia psicopatológica, de despatologizarla.
Así pues, en el Consejo Psicológico, que nosotros consideramos como una psicología clínica despatologizada (López y Costa, 2012), tratamos de resolver un problema, no tratamos una psicopatología, ni una enfermedad mental, ni los síntomas de una enfermedad."
Ortodoxia Psicopatológica
"En un reciente libro (López y Costa, 2012), titulado Manual de Consejo Psicológico. Una visión despatologizada de la Psicología Clínica, salimos al paso de esta perversión psicopatológica. Planteamos allí la necesidad de un cambio radical de paradigma que implica realizar un análisis crítico de la ortodoxia del modelo psicopatológico, rescatar a los problemas psicológicos del mundo de la patología, despatologizarlos, emanciparlos de la vieja doctrina que dice de ellos “esto es una enfermedad,” y que dictamina que algunas personas, por el hecho de experimentar un problema vital, están enfermas, tienen una enfermedad que necesita ser curada, y que sus experiencias vitales son un fenómeno patológico o son indicios, síntomas y signos de una enfermedad.
Desde hace muchos años, nosotros mismos (Costa y López, 1986, 2003, 2006, 2012) estamos firmemente comprometidos con esta rebelión epistemológica y ética, despatologizadora, tratando de ir hasta la raíz más profunda de los problemas psicológicos, de encontrar respuestas en la herencia fecunda de los paradigmas de la psicología y de establecer sinergias con tantos otros que comparten la misma búsqueda, tanto en España (Bayés, 1977, 1980; Pérez-Álvarez, 1996, 2011; Vila y Fernández- Santaella, 2009) como en el resto del mundo."
CONSULTOR PSICOLÓGICO
"...aunque lo mejor sería seguramente como consultor psicológico de salud. Como quiera que fuera, lo más distintivo es el término “consultor” y en su caso “consultoría".
...Los términos “consultor” y “consultoría” se sitúan en la gran tradición del consejo psicológico y del counseling, pero van más allá del counseling, como advierte el Manual de ayuda psicológica. Dar poder para vivir. Más allá del counseling de Miguel Costa y Ernesto López (2006). La consultoría psicológica mantiene de la tradición, cómo no, la importancia bien conocida de la relación terapéutica empática, de alianza y colaboradora y de la entrevista motivacional (Miller y Rollnick, 1999) para ayudar a las personas a resolver sus problemas psicológicos (crisis, estancamientos vitales, etc.). Pero la consultoría va más allá del consejo.
...pero se ha de reconocer que su papel puede desempeñarse también de acuerdo con otras tradiciones clínicas, así de rica es la psicología y de interactivos son los problemas psicológicos. De ahí la denominación más general que proponemos como consultor psicológico...
...La intervención debe ser breve y basada en las pruebas científicas.
...El consultor psicológico implica un nuevo papel para el paciente, como consultante, cliente y agente responsable y menos como paciente pasivo.
...supone que el paciente/consultante ha de implicarse de una manera activa en la solución de se problema como “auto-sanador activo”, podríamos decir. La caracterización del consultor implicaba este rol de parte del consultante.
...sólo los clientes pueden cambiarse a sí mismos y todos insisten en potenciar los propios recursos de las personas, reorientando sus esfuerzos en una dirección valiosa.
...La noción de responsabilidad está también aquí implicada. Se trata de tener habilidad para responder a los desafíos y problemas de la vida pero igualmente de hacerse cargo de su vida, en el sentido de tomar decisiones y asumir consecuencias. Muy a menudo la ayuda psicológica, y no sería poca ayuda, podría consistir en clarificar los problemas y resituar al consultante no ya como paciente sino como agente. Como se utiliza en la entrevista motivacional...
...El carácter interactivo de los problemas psicológicos puede dar de sí para interactuar con ellos durante toda una vida, si se proporcionan los medios, de manera que una intervención breve, puede ser tan necesaria como suficiente.
¿QUÉ ES UN PROBLEMA PSICOLÓGICO?
...¿En qué se diferencia un problema psicológico de un problema de la vida? ¿En qué es diferente el sufrimiento normal del sufrimiento debido a un problema psicológico?.
Son sin duda cuestiones complicadas pero que tienen una respuesta clara, si tienes claro de qué hablas, por nuestra parte, si tienes clara y distinta una filosofía y un modelo contextual. Dicho en dos palabras, un problema psicológico sería un esfuerzo contraproducente.
...De acuerdo con David Veale, un problema psicológico surge cuando el sufrimiento normal deriva en el afrontamiento del individuo de una manera en que el sufrimiento va a peor y significa que uno ya no puede seguir sus direcciones valiosas en la vida (en Smmerfield/Veale, 2008, p. 328). En este sentido decíamos que un problema psicológico es un esfuerzo contraproducente.
Pérez, M; et al. (2008).
Nuevas Demandas Terapéuticas
"...Ahora se tiende a consultar, además de por los cuadros clínicos “tradicionales” (depresión, trastornos de ansiedad, esquizofrenia, adicciones, entre otros), por problemas “menores”, derivados de una exigencia de una mayor calidad de vida por parte de los pacientes. Estos problemas, que no constituyen propiamente trastornos mentales, reflejan una patología del sufrimiento o de la infelicidad, es decir, una situación de insatisfacción personal a la que hay que buscar algún tipo de respuesta asistencial al margen de los centros de salud mental. Entre ellos se encuentran el duelo por la pérdida de un ser querido, los conflictos de pareja o la ruptura de pareja no deseada, las dificultades de convivencia con los hijos adolescentes, los problemas de estrés laboral, el dolor crónico, la adaptación a nuevas situaciones en la vida o la convivencia con enfermos crónicos o incapacitados (Echeburúa, Corral y Amor, 2002).
En las clasificaciones psiquiátricas estos problemas adaptativos se denominan “códigos Z” y son un reflejo de la psicopatologización de las dificultades de la vida cotidiana, así como de los efectos de una sociedad competitiva, individualista, con carencia de redes de apoyo familiar y social y sin tiempo para los demás, que favorece la soledad y la incomunicación.
Estas nuevas demandas terapéuticas están relacionadas con una mayor exigencia de calidad de vida y con una mayor intolerancia al malestar emocional por parte de los pacientes, pero también con la medicalización de la vida cotidiana. De hecho, hay una tendencia malsana por asignar a todos los problemas un nombre clínico, unos síntomas y un tratamiento...
...muchas de las consultas a los psicólogos sanitarios/clínicos hoy no se relacionan con trastornos mentales, sino con situaciones de infelicidad y malestar emocional. Se trata de personas que se sienten sobrepasadas en sus estrategias de afrontamiento para hacer frente a las dificultades cotidianas y que, muy frecuentemente, carecen de una red de apoyo familiar y social sólida (Salaberría, Corral, Sánchez y Larrea, 2008). Los psicólogos sanitarios tienen que adaptarse a esta nueva realidad, evitar la tendencia a establecer diagnósticos psiquiátricos y desarrollar unas estrategias de intervención, tales como técnicas de consejería (counselling) o de intervención en crisis...
...No todas las personas presentan trastornos, sino que en muchas ocasiones aparecen dificultades puntuales que, al no ser atendidas o serlo tardíamente o sólo con psicofármacos, se convierten en trastornos y se cronifican, llevando a los pacientes al fenómeno de la puerta giratoria (entrar y salir continuamente del sistema sanitario)..."
...No todas las personas presentan trastornos, sino que en muchas ocasiones aparecen dificultades puntuales que, al no ser atendidas o serlo tardíamente o sólo con psicofármacos, se convierten en trastornos y se cronifican, llevando a los pacientes al fenómeno de la puerta giratoria (entrar y salir continuamente del sistema sanitario)..."
Echeburúa, E. (2012).
Teoría de las Redes
"...Con el fin de superar el desfase dado entre la influencia entre lo individual y lo colectivo en la adquisición de estilos de vida, el abordaje en Psicología de la Salud puede seguir una perspectiva en red, comprendiéndose como la posibilidad de considerar y de tener un conocimiento de la totalidad del contexto de un individuo cuando se trabaja con el. (Klefbeck, 1994). Desde esta perspectiva, la conceptualización de redes visualiza a un individuo como sujeto participante de varias comunidades o redes a la vez.
Estas redes se interrelacionan entre si y se van integrando en varios sistemas que se agrupan en niveles cada vez más complejos: El microsistema, correspondiente al entorno inmediato del individuo; mesosistema, que vendría a ser un conjunto o interacción de microsistemas; exosistema, conformado por instituciones que afectan indirectamente en salud y por ultimo el Macrosistema que incluye valores culturales que condicionan el comportamiento de los individuos, como la religión, las leyes y el poder económico y político. Un abordaje en Salud desde la teoría de las redes pretende trabajar de forma integral en todos los sistemas, desde lo mas cercano al individuo (microsistema) hasta lo mas externo del sistema macrosocial que pueda afectar en salud (Klefbeck, 1994)..."
Redondo, D. (2013).
Modelo Biomédico
"...Esta visión basada más en lo médico asistencial se mantuvo de forma privilegiada hasta el siglo pasado. Para Trilla, Espluga y Plana (2008) el modelo de atención biomédico se basa en la mera prescripción del tratamiento necesario. El sanitario se posiciona en el rol de experto en el diagnostico de necesidades individuales y/o comunitarias mientras que el usuario en el rol de informado. La población diana es meramente demandante y la información que se aporta unidireccional.
No obstante, el modelo biomédico comienza a encontrar fracturas en su estructura, la propiciación de lo asistencial genera dependencia, dependencia que imposibilita en las personas el desarrollo de autonomía en su propio cuidado. Paradójicamente, la metodología del modelo propicia su propia ruina, ya que se mantiene en el imaginario popular que el que cura es el médico, un agente externo, acostumbrando a la población a que sea alguien de afuera y no ellos mismos los responsables de su salud. Además, otro problema grave es la consciencia de la patología como motivadora del cambio sin centrarse en las posibilidades de crecimiento de la persona. Esto crea el supuesto que solo debe existir preocupación cuando surja alguna problemática o enfermedad.
El enfoque biomédico cae en una mirada tecnicista del paciente. Para Villegas, Castillo, Montero, Holthuis, Álvarez, Freer y Vázquez (2003) el paciente percibe este tipo de atención como fría y distante, dejando de lado la necesidad de todo paciente de satisfacer sus expectativas de la relación humana.
En base a esta paradoja, se reconceptualiza el sistema de salud en muchos países y surge el modelo de la Promoción de la Salud, diseñado bajo la confianza de la posibilidad de ser cada individuo responsable y capaz de su propia salud. Además, se da un viraje desde la enfermedad hacia la salud. No se trata únicamente de evitar y prevenir enfermedades, sino propiciar la potencialización y máximo disfrute de cada individuo en su mundo..." Redondo, D. (2013).
La influencia de la Psicología en el área de la salud...
"...Varios factores se traslapan entre sí para dificultar la incursión profesional de la disciplina en el área. En primer lugar a lo interno de la Psicología misma se vislumbra la presencia de una visión muy individualista de la disciplina, punto que ha llevado a concebir su objeto de conocimiento como lo entiende el modelo biomédico: La patología es presencia o ausencia de salud. Esta visión individualista establece cierta prohibición en cuanto a la iniciativa por establecer formas de aproximación epistemológicas diferentes a las tradicionales, por tanto, diferentes intentos gozan de un particular escepticismo, no siendo de extrañar que el desarrollo de la Psicología de la Salud haya padecido de cierta cautela a nivel profesional.
Segundo, esta visión que privilegia el énfasis más en la enfermedad y por ende en lo curativo, también se ha presentado a nivel de la Salud Pública en general, privilegiando dentro del campo el aporte (entre otros) principalmente de la medicina. Las políticas públicas han mantenido una visión medicalizada, en tanto que disciplinas como la Psicología pasan como “plato de segunda mesa” a excepción de si el enfoque de la misma sea desde un ámbito paliativo coincidente con el de la medicina...". Redondo, D. (2013).
Deficiencias comunes en la prestación de atención de salud
"...Atención fragmentada y en proceso de fragmentación: La excesiva especialización impide que se adopte un enfoque holístico con respecto a las personas y las familias atendidas, y que se comprenda la necesidad de la continuidad asistencial...· Informe sobre la salud en el mundo (OMS, 2008, p.14). Essayag, M. (2012).
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