La Sede y la Causa de la Enfermedad

Es en las postrimerías del siglo XVIII cuando la sociedad delega formalmente en la medicina la facultad de explicar por qué los “alienados” se comportan de una manera bizarra, se muestran agresivos, angustiados, melancólicos, mutistas o catatónicos, deliran, o se automutilan, y de tomar medidas para contener esos comportamientos. Para responder al encargo y confrontarse con estos comportamientos, la medicina toma como marco de referencia, de análisis y de intervención los modelos de la patología humana que le son familiares en su praxis habitual. De hecho, se están consolidando por entonces los modelos anatomoclínico, fisiopatológico y etiopatológico, que tendrán en el siglo XX su prolongación en los modelos bioquímico y molecular y que van a permitir poner las bases científicas de la patología humana frente a las concepciones demonológicas e hipocrático-galénicas todavía vigentes por entonces. De acuerdo con estos modelos, la sede y la causa de la enfermedad y las señales de la dolencia padecida hay que buscarlas dentro del cuerpo, y se hacen visibles en la necropsia, a través del microscopio, o mediante la utilización del laboratorio y de una adecuada tecnología.

"Esto es una enfermedad": Una metamorfosis declarativa.

Al aplicarles estos modelos, aquellos comportamientos experimentan un cambio radical en su categorización social y conceptual. Van a ser recategorizados, mediante una metamorfosis declarativa, como una enfermedad o la manifestación sintomática de una enfermedad. Lo que era un comportamiento considerado anormal, perteneciente a la categoría de los sucesos y procesos psicosociales, va a ser declarado como comportamiento patológico, perteneciente a la categoría de los sucesos y procesos anatomapatológicos y fisiopatológicos, como podría ser un hígado cirrótico o un tumor. Al estatus de loco o alienado se le superpone el estatus de enfermo y lo que era debido a estar “poseído por el demonio” es ahora debido a estar poseído por “entidades morbosas”. Para Kräpelin, la locura es sencillamente “la expresión de operaciones cerebrales patológicas” (1988:134) y “lo que determina ante todo la morfología de los trastornos psíquicos es la extensión en el cerebro del proceso que los engendra” (1988: 147). Por otra parte, esta aplicación del modelo anatomoclínico al comportamiento quedará pronto contaminada por el dualismo cuerpo-mente, y así la entidad patológica será una “patología de la mente”, una “enfermedad mental”.

López, E; Costa, M. (2012).