Hay una historia sobre un hombre piadoso que creía mucho en
Dios. Un día, en el lugar donde él vivía, comenzó a llover muy fuerte, y
llovía, y llovía, y se produjo una gran inundación. Él pasó desde el primer
piso de su casa hasta el segundo, y el agua seguía creciendo hasta que llegó a
la terraza. Alguien estaba remando por allí y le dijo: “Sube, amigo, te salvaré;
el agua está creciendo”. El dijo: “No, creo en Dios, realmente tengo fe, creo”.
Así que se despidió del bote.